Por Luis O. Vasta, periodista médico y difusor del jazz
Dicen que los libros nos buscan a nosotros, y no al revés. En
el mundo del jazz, donde cada nota tiene un pasado y cada ritmo una
ascendencia, las conexiones suelen ser igual de mágicas. Esta historia comienza
hace poco, gracias a mi vínculo con el musicólogo Marcelo Bettoni.
Marcelo Bettoni y Las Rutas del Jazz
Mientras navegaba por las páginas de
su obra, "Las Rutas del Jazz", me encontré con una referencia que brillaba con
luz propia, un nombre que resonaba como una autoridad ineludible en el estudio
de la música afroamericana en nuestras latitudes: Néstor Ortiz Oderigo.
Bettoni, con la precisión de quien conoce el mapa del tesoro, señalaba el
camino hacia este pionero.
Fue esa curiosidad encendida la que
me llevó a iniciar una pequeña cacería personal. No buscaba un PDF ni una
reedición moderna; quería tocar la historia. Y así fue como, casi como si
estuviera predestinado, di con él: un ejemplar original de la "Historia
del Jazz", editado en 1952 por la mítica Ricordi Americana.
No dudé un segundo en comprarlo.
Tener este libro en las manos es como sostener un pedazo de la historia
cultural argentina. Sus páginas, con ese aroma inconfundible del papel que ha
visto pasar siete décadas, no solo guardan datos; guardan la pasión de una
época en la que explicar el jazz era una misión casi antropológica.
Nestor R. Ortiz Oderigo en su
casa con su colección de libros y objetos de origen africano.
Ortiz Oderigo no se limitó a enumerar
bandas. En este libro, el autor nos lleva de la mano hacia los orígenes
profundos, hacia el corazón de África y su trasplante doloroso y creativo en
suelo americano. Leerlo hoy, desde la redacción de Radio Jazzmin, es
redescubrir que el jazz no nació en un conservatorio, sino en la tierra, en el
trabajo y en la necesidad vital de expresión.
Para quienes amamos este género,
volver a estas fuentes es fundamental. Gracias a la guía de Bettoni y al legado
de Ortiz Oderigo, hoy confirmo que el jazz es una conversación infinita que
comenzó mucho antes de 1952 y que sigue viva cada vez que le damos play a
nuestra radio.
Este libro ya ocupa un lugar de honor
en mi biblioteca, listo para ser consultado y para inspirar nuevas historias
que compartiremos con ustedes, aquí, donde el jazz se siente en casa.
