Por Luis O. Vasta, periodista médico
Hoy nos despertamos con la noticia de que España, por
decreto, planea otorgar la ciudadanía a unos 500.000 inmigrantes. A primera
vista, el gesto parece humanitario, integrador, una muestra de apertura hacia
quienes buscan un futuro mejor. Sin embargo, no podemos dejar de preguntarnos:
¿qué hay detrás de esta decisión en un contexto internacional marcado por la
guerra en Ucrania y la creciente tensión entre la OTAN y Rusia?
Mi hipótesis es clara: al convertir a miles de inmigrantes en
ciudadanos españoles, el Estado amplía su base de reclutamiento potencial. En
caso de que la guerra escale y la OTAN requiera mayor participación, España
podría recurrir a la obligatoriedad del servicio militar. ¿Quiénes ocuparían
las primeras filas? Probablemente los nuevos ciudadanos, agradecidos por la
oportunidad recibida, pero también más vulnerables a aceptar sin cuestionar las
exigencias del Estado.
La historia nos enseña que los grandes gestos políticos
suelen tener un reverso estratégico. La ciudadanía masiva puede ser tanto un
acto de inclusión como un recurso para fortalecer la capacidad militar de un
país en tiempos de incertidumbre. No afirmo que esto sea inevitable, pero sí
que es factible y merece ser analizado con mirada crítica.
Mensaje final

