Buenos Aires, 7 diciembre (NA) -- El mundo de los hongos se
volvió una de las tendencias más fascinantes de la biotecnología contemporánea,
ya que, sus aplicaciones van desde la medicina hasta la moda, la arquitectura y
el diseño industrial.
En ese ecosistema, el micelio se posiciona como un actor
clave del futuro sostenible, por su capacidad de sintetizar moléculas complejas
y transformar desechos en materiales útiles, mientras que, a nivel mundial,
Europa y Estados Unidos impulsan políticas que promueven materiales
regenerativos: aquellos que no solo reducen su impacto, sino que aportan
nutrientes al suelo y regeneran el entorno.
Por año se producen alrededor de 380 millones de toneladas de
plástico y, a pesar de la acción de gobiernos, empresas, organizaciones
intermedias y la conciencia ciudadana mundial, no hay forma de evitar su
impacto dramático en el ecosistema. Según datos de la guía “Los Plásticos en la
economía circular”, solo se crean entre 0,7% y 0,15% de materiales
biodegradables para envases.
Por su lado, varios países apuntan al desarrollo de
materiales regenerativos que vayan más allá de la neutralidad y permitan al
suelo recomponerse con nutrientes y producción limpia, con mínimo impacto en la
huella de carbono, según se indica en un informe al que accedió la Agencia
Noticias Argentinas.
En este contexto, una diseñadora industrial argentina de la
Universidad de Buenos Aires (UBA), Denise Pañella, desarrolló una alternativa
sustentable a los embalajes tradicionales: un material a base de micelio, la
raíz de los hongos, capaz de volver a la tierra en apenas 45 días. Con su
empresa, Pañella busca resolver una de las paradojas más absurdas de la
producción moderna: que el envase de un producto dure más que el mismo
producto.
“Cuando creamos un objeto, la función, la estética y el
impacto ambiental se piensan como un mismo sistema, no como decisiones
separadas. El micelio, que es el corazón de nuestro trabajo, nos obliga a mirar
todo de manera más orgánica: el material tiene su propia lógica, su tiempo, su
lenguaje. El diseño no se impone, se adapta y dialoga con eso”, explicó.
Cómo se cultiva un envase
El proceso detrás del material es tan innovador como
orgánico. El micelio se alimenta de residuos agrícolas reciclados, provenientes
de productores locales. Esta mezcla se coloca en moldes donde,bajo condiciones
controladas, el hongo crece hasta formar una matriz firme y completamente
biodegradable.
Una vez que alcanza la forma deseada, el material se seca,
deteniendo su crecimiento y dando origen a un objeto rígido, liviano, aislante
térmico, hidrofóbico y libre de plásticos. De allí que pueda ser una
alternativa amigable para el medioambiente reemplazar al telgopor y a otros
materiales alternativos que por más que sean biodegradables dejan residuos
tóxicos, como microplásticos
Mientras la mayoría de los embalajes de un solo uso tardan
siglos en desaparecer, el material desarrollado se reintegra naturalmente al
suelo en apenas 45 a 60 días. “Venimos a resolver una contradicción de la era
industrial: que un envoltorio descartable dure más que el objeto que protege”,
señala la diseñadora.
NA
