Por Luis O Vasta, difusor del jazz
En África Occidental, el término tam-tam abarca distintos instrumentos de percusión
que, aunque diversos en forma, comparten una raíz cultural común.
Por un lado, está el tambor de hendidura, tallado en un
tronco de madera ahuecado con una abertura superior. Se golpea con palos,
produciendo sonidos graves y resonantes. Su función tradicional fue
comunicativa: transmitía mensajes entre aldeas y acompañaba ceremonias
colectivas. Este tam-tam es un idiófono, pues su sonido proviene de la
vibración de la propia madera.
Por otro lado, encontramos el tambor parlante o tama, un
membranófono de piel tensada y cuerdas que permite modular el tono al
presionarlas mientras se golpea con una baqueta curva. Su capacidad de imitar
la entonación del lenguaje humano lo convirtió en un instrumento narrativo,
usado para rituales, danzas y relatos sonoros.
Músicos de África Occidental tocando tam-tam.
Dice Nestor R. Ortiz Oderigo en su Historia del Jazz que: “El
aspecto más singular del uso del tambor en el oeste del África es su empleo
como medio de comunicación entre los nativos.
Es el denominado “lenguaje del tambor” que imita palabras a través de la
percusión”.
Ambos tambores viajaron simbólicamente con la diáspora
africana hacia América. Aunque el tambor de hendidura no se incorporó
directamente en las orquestas de jazz, sí transmitió la idea de la polirritmia
y del ritmo como lenguaje social. El tama, en cambio, inspiró a percusionistas
y bateristas con su expresividad modulada, influyendo en la improvisación y en
la interacción musical propia del jazz.
En el siglo XX, músicos africanos como Massamba Diop y Baba
Sissoko llevaron el tambor parlante a escenarios internacionales, colaborando
con artistas de jazz y world music. Su presencia reafirmó que el jazz no solo
es una música de raíces afroamericanas, sino también un puente vivo con las
tradiciones africanas.
Así, el tam-tam —ya sea tronco resonante o tambor parlante—
representa la doble herencia africana que late en el jazz: la fuerza
comunitaria de la madera y la voz expresiva de la piel. En ambos casos, el
mensaje es claro: el jazz es un lenguaje de libertad que sigue dialogando con
sus ancestros.
En síntesis: El
tam-tam africano, en sus dos formas, aportó al jazz tanto la riqueza rítmica
como la idea de la música como comunicación, consolidando un puente entre
tradición ancestral y modernidad sonora.




