Lejos de una lectura
generacional simplista, el mapa que trazan los ganadores revela un proceso de
continuidad crítica. La historia funciona como punto de apoyo, no como corsé
estético. En ese cruce entre memoria e invención se juega, una vez más, la vitalidad
del género.
El jazz como campo de
posibilidades
Uno de los premios más
reveladores fue el otorgado a LIVE-ACTION, de Nate Smith, como Mejor Álbum de
Jazz Alternativo. No solo por la obra en sí, sino por lo que implica su
reconocimiento institucional. Smith propone un jazz entendido menos como un
conjunto de reglas que como una actitud abierta, permeable, en constante
redefinición.
La convivencia entre elementos
acústicos y eléctricos, la flexibilidad formal y una concepción rítmica
expansiva sitúan al jazz en un territorio de exploración permanente. Aquí la
identidad no se conserva: se construye en movimiento.
La big band, lejos del museo
Esa misma tensión entre forma
e innovación aparece en Without Further Ado, Vol. 1, de la Christian McBride
Big Band, ganador del Grammy a Mejor Álbum de Gran Ensamble de Jazz. En un
contexto donde el formato big band suele asociarse a la recreación histórica,
McBride lo concibe como un espacio de riesgo.
Sus arreglos equilibran
disciplina y libertad, escritura y espontaneidad, permitiendo que las
individualidades emerjan sin fracturar el cuerpo colectivo. La big band no
aparece como una reliquia, sino como una arquitectura viva, capaz de absorber
el presente.
La música como conversación
El premio a Mejor
Interpretación de Jazz para la versión en vivo de “Windows”, a cargo de Chick
Corea, Christian McBride y Brian Blade, condensa una de las ideas fundantes del
jazz: la música como acto de escucha compartida.
Más allá del peso emocional
del reconocimiento póstumo a Corea, la grabación funciona como una lección de
interacción. No hay jerarquías fijas ni protagonismos forzados. Cada gesto
musical es respuesta y propuesta al mismo tiempo. McBride y Blade no acompañan:
dialogan. Y en ese intercambio se reafirma que la esencia del jazz no está en
el solo aislado, sino en la conversación.
La persistencia del lenguaje
acústico
El Grammy a Mejor Álbum
Instrumental de Jazz para Southern Nights, de Sullivan Fortner junto a Peter
Washington y Marcus Gilmore, señala otro aspecto clave del presente jazzístico:
la vigencia del formato acústico como espacio de profundidad expresiva.
Fortner despliega un discurso
atento al detalle, al desarrollo narrativo y al peso del silencio. No hay aquí
nostalgia ni reconstrucción arqueológica, sino una relectura contemporánea del
swing, el lirismo y la forma. El reconocimiento confirma lo que la escena viene
señalando desde hace tiempo: Fortner es una de las voces más sólidas de su
generación.
El canto como tradición viva
En el terreno del jazz vocal,
Samara Joy volvió a ser distinguida —por segundo año consecutivo— con el Grammy
a Mejor Álbum Vocal de Jazz por Portrait. En un contexto donde el canto
jazzístico suele quedar eclipsado por proyectos híbridos o estrategias de
mercado más visibles, su consagración adquiere un valor simbólico particular.
Joy no persigue la novedad
como gesto superficial. Su canto se apoya en el fraseo, en el dominio del
tiempo y en una comprensión profunda del lenguaje. Hay ecos del pasado, pero
filtrados por una sensibilidad contemporánea que evita la mímesis. Su reconocimiento
confirma que el jazz vocal sigue siendo un territorio expresivo vigente y
necesario.
Latin jazz: homenaje sin
inmovilidad
El premio a Mejor Álbum de
Jazz Latino para A Tribute to Benny Moré and Nat King Cole, de Gonzalo
Rubalcaba, Yainer Horta y Joey Calveiro, propone un diálogo activo con la
historia. Más que un ejercicio retrospectivo, el disco reinterpreta figuras
centrales del siglo XX desde una perspectiva actual.
La tradición no aparece como
repetición literal, sino como material vivo: nuevas capas rítmicas, armónicas y
expresivas resignifican el legado. El latin jazz se afirma así como un continuo
histórico en permanente transformación.
Más allá de la performance
Otros premios completan este
panorama y amplían la mirada sobre el ecosistema del jazz. El Grammy a Mejores
Notas de Álbum para Miles ’55: The Prestige Recordings, escritas por Ashley
Kahn, subraya la importancia de la investigación, la escritura y la contextualización
histórica. El jazz no se sostiene solo en el escenario: también necesita
archivo, reflexión y pensamiento crítico.
Del mismo modo, el
reconocimiento a la Mejor Composición Instrumental (First Snow, de la Nordkraft
Big Band) y al Mejor Arreglo (Big Fish) reafirma el lugar central de la
escritura colectiva y la arquitectura musical en el jazz contemporáneo.
Un género en tránsito
Leídos en conjunto, los Grammy
2026 no se limitan a enumerar ganadores. Funcionan como una instantánea de un
género en permanente tránsito, donde la tradición sigue siendo referencia, pero
nunca frontera. El jazz, una vez más, demuestra que su fuerza reside en esa
tensión productiva entre memoria e invención.
*Por Marcelo Bettoni /
lasrutasdeljazz.com.ar
Guitarrista, docente, musicólogo y autor del libro Las Rutas del Jazz




