Por: Luis O. Vasta,
periodista médico
En la carrera
armamentista entre la medicina y los virus, la ciencia argentina acaba de
anotar un punto estratégico. Un equipo de la Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales de la UBA (Exactas UBA) ha perfeccionado un sistema de transporte
microscópico que permite que los medicamentos lleguen directamente al
"corazón" de la infección, evitando efectos secundarios y
multiplicando su potencia de manera inédita.
¿Qué es la
nanotecnología?
Para dimensionar este
avance, primero debemos entender qué es la nanotecnología. Se trata de la
manipulación de la materia a una escala increíblemente pequeña, medida en
nanómetros. Un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro.
Para graficarlo: un
cabello humano tiene unos 80.000 nanómetros de ancho. En este estudio, los
científicos trabajan con partículas de apenas 100 o 200 nanómetros. A ese
nivel, las leyes de la física cambian y permiten que los materiales se
comporten de formas únicas, logrando, por ejemplo, que una proteína se
convierta en un vehículo inteligente capaz de burlar las defensas del organismo
para entregar un fármaco.
El problema de la
"droga libre"
Hasta ahora, muchos
antivirales efectivos, como la ribavirina, presentan un gran desafío: para ser
eficaces, el paciente debe recibir dosis muy altas y frecuentes. Esto suele
derivar en efectos adversos serios, como la destrucción de glóbulos rojos (anemia).
El medicamento circula por la sangre "suelto", afectando tanto a las
células enfermas como a las sanas.
Un "caballo de
Troya" microscópico
La solución propuesta por
el laboratorio que dirige Claudia Sepúlveda, investigadora del CONICET, utiliza
la nanotecnología para crear un "escudo" protector. Los científicos
construyeron nanopartículas utilizando albúmina (una proteína natural de
nuestra sangre).
Al estar encapsulado, el
medicamento viaja "disfrazado" por el torrente sanguíneo sin tocar
los glóbulos rojos, lo que elimina el riesgo de anemia o trombos. Una vez que
la nanopartícula llega a la célula infectada, ingresa y libera el principio
activo de forma controlada, actuando como un verdadero caballo de Troya que se
abre solo cuando está frente al enemigo.
Menos dosis, mayor
duración
Los resultados de los
últimos ensayos, publicados en la revista International Journal of Biological
Macromolecules, son contundentes:
Eficacia extrema: Se
logró el mismo efecto antiviral utilizando concentraciones 200 veces menores
que si se aplicara la droga sola.
Efecto prolongado: Con
una única dosis, la protección contra el virus se mantiene activa hasta por 96
horas (cuatro días).
Polifuncionalidad: El
sistema demostró ser exitoso contra virus muy distintos, como el Zika, el
Herpes simplex-1 y el virus Junín (causante del mal de los rastrojos).
El camino al paciente
Aunque estas pruebas se
realizaron in vitro (en cultivos de células), el futuro es alentador. "El
hecho de usar fármacos que ya se aplican en la clínica podría acelerar los
tiempos de aprobación", explica Sepúlveda. Al no tratarse de un compuesto
nuevo, sino de una nueva forma de administrar medicamentos que ya conocemos, el
proceso para que llegue a los hospitales podría ser mucho más corto.
Esta plataforma argentina
no solo representa un avance contra los virus actuales, sino que se perfila
como una herramienta clave para enfrentar futuras pandemias, permitiendo
tratamientos más humanos, seguros y eficientes.
Fuente: NexCiencia- Gabriel
Stekolschik




