Por: redacción radio
jazzmin
El jazz, más que un
género, es un lenguaje de libertad y un puente para el diálogo. En la historia
de este arte, pocos momentos poseen la carga emotiva y técnica de Miles And Quincy Live At
Montreux, el registro que documenta el último milagro de Miles Davis. Esta
edición especial 2026 nos permite redescubrir una reliquia sonora que marcó la
reconciliación de un hombre con su propio mito.
Para dimensionar esta
obra, debemos situarnos en Suiza, julio de 1991. Allí, un Miles Davis de salud
frágil pero aura intacta, rompió su regla de oro de "nunca mirar
atrás". Bajo la insistencia y batuta de su amigo Quincy Jones, Davis
aceptó revisitar los monumentales arreglos que Gil Evans había diseñado décadas
antes para obras cumbres como Miles Ahead.
La Arquitectura de la
Elegancia
A lo largo de las pistas,
la orquestación no actúa como un simple decorado, sino como una estructura
orgánica diseñada para que el silencio de Miles —ese silencio que define al
jazz tanto como sus notas— pueda respirar. En piezas como "Springsville",
la energía es vibrante, mientras que en "My Ship", nos sumergimos en
una introspección meditativa.
Uno de los puntos más
fascinantes es la ejecución de "Orgone". Esta composición de Gil
Evans, inspirada en las teorías de la energía vital de Wilhelm Reich, se
manifiesta aquí como un organismo vivo; la orquesta se expande y se contrae en
una traducción sonora de la cosmología pura.
El Flamenco y la Soledad
El álbum alcanza su cénit
con "Soleá". Inspirada en el cante jondo flamenco, pero tamizada por
la visión universal de Davis, la pieza nos enfrenta a la belleza de la soledad.
Es, sin duda, una demostración de la capacidad única del jazz para detener el
tiempo y conectar con la introspección más profunda.
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