Por Luis O. Vasta. Periodista médico
La sensibilidad no celíaca al gluten/trigo (NCGWSpor sus
siglas en inglés Non-Celiac Gluten/Wheat Sensitivity) es un síndrome que
desafía la medicina actual. Personas que no tienen celiaquía ni alergia al
trigo, pero que experimentan malestares digestivos y síntomas generales tras
consumir productos con trigo, están en el centro de un debate clínico y
científico cada vez más activo.
Aunque aún no existen pruebas de laboratorio que confirmen
esta condición, estudios recientes muestran que hay un grupo de pacientes que
sufre síntomas reales y reproducibles. Dolor abdominal, hinchazón, fatiga,
niebla mental, insomnio y hasta dolores articulares son parte del cuadro. La
causa no siempre es el gluten: otros componentes del trigo, como los FODMAPs* o
ciertas proteínas, también podrían estar implicados.
*La sigla
FODMAPs proviene del inglés Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides,
Monosaccharides And Polyols, que en español se traduce como oligosacáridos,
disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables
¿Qué sabemos hasta
ahora?
El trigo es una mezcla compleja de sustancias que pueden
afectar la microbiota intestinal y activar respuestas inmunes.
La NCGWS no tiene un único origen: puede involucrar el
sistema digestivo, el sistema nervioso y factores psicológicos.
No hay un test específico para diagnosticarla, por lo que se
recurre a dietas de eliminación y seguimiento clínico.
¿Y el tratamiento?
La dieta sin gluten es
la estrategia más usada, aunque no siempre debe ser tan estricta como en la
celiaquía. También se exploran dietas bajas en FODMAPs y enfoques
personalizados que eviten carencias nutricionales. La clave está en el
acompañamiento médico y nutricional, para que el alivio de síntomas no implique
riesgos a largo plazo.
Un mensaje esperanzador
La sensibilidad al
trigo no es un capricho ni una moda: es una realidad clínica que merece
escucha, investigación y empatía. Si bien aún hay mucho por descubrir, el
avance en estudios y el reconocimiento de esta condición permiten ofrecer a los
pacientes herramientas concretas para mejorar su calidad de vida.
La ciencia está trabajando para entender mejor este síndrome,
y cada paso abre nuevas posibilidades de diagnóstico, tratamiento y prevención.
Mientras tanto, cuidar la alimentación, observar los síntomas y buscar
orientación profesional son acciones que empoderan y protegen.
Fuente: Intramed




