Por Luis Oscar Vasta
El Protagonista
Marcelo Bettoni es músico
argentino, además de escritor, docente y revisionista histórico del jazz. Autor
del libro Las Rutas del Jazz, ha desarrollado un enfoque integral que combina
la investigación académica, la experiencia musical, la docencia y la divulgación
cultural. Su trabajo se plasma en libros, artículos, podcast y charlas, donde
explora el jazz desde sus raíces hasta su proyección contemporánea.
Un encuentro a través de la
música
Mi acercamiento a Marcelo
fue a través de la adquisición de su magistral libro Las Rutas del Jazz. En
realidad, fue mi esposa, Marisa, quien quiso sorprenderme comprando el
ejemplar, conociendo de antemano mi pasión por este género. Ella fue más allá
de la compra y logró conectar con el autor al indagar sobre dónde adquirirlo,
ya que en ese momento su circulación era incipiente y se movía en pequeños
circuitos comerciales.
Sentí, desde la primera
página, una profunda admiración por el autor y decidí contactarlo por redes
sociales. Marcelo me volvió a sorprender por su sencillez, su empatía y su
interés genuino por sus lectores. Así surgió una amistad virtual que, aunque aún
no nos ha permitido el encuentro personal, se mantiene firme desde mi ciudad de
Balcarce, en la provincia de Buenos Aires. Como periodista médico y divulgador
de jazz a través de mi portal radiojazzmin.com.ar —el cual cuenta con streaming
exclusivo de jazz—, le propuse una entrevista para compartirla con mi
audiencia. Él, con su amabilidad característica, no dudó. Aquí, sus palabras.
Entrevista con Marcelo
Bettoni
— ¿Cuándo comenzó la pasión
por la música y especialmente el jazz?
— La música estuvo presente en
mi vida desde muy chico, pero la verdadera pasión nació cuando descubrí que la
guitarra podía convertirse en una forma de expresar lo que muchas veces no
podía decir con palabras. Ese fue el comienzo de un camino que, con el tiempo,
se transformó en una vocación y en el eje de mi vida. Si tuviera que señalar el
momento en que ese camino tomó un rumbo definitivo, diría que fue alrededor de
los 14 años. En esa época llegaron a mis manos dos libros de Néstor Ortiz
Oderigo: Historia del Jazz y La música afronorteamericana. Recuerdo el impacto
que me produjo su lectura. Me sorprendió profundamente descubrir que un
investigador argentino hubiera escrito, ya hacia fines de la década de 1940,
con semejante profundidad sobre el jazz y la cultura afroamericana. Era una
mirada extraordinariamente adelantada para su tiempo.
Esa experiencia despertó en mí
una enorme curiosidad. Poco después logré conseguir todos sus libros y, desde
entonces, sentí una profunda admiración por su obra. Ortiz Oderigo no solo
investigó el jazz cuando muy pocos lo hacían, sino que también puso en valor la
influencia afro en nuestra propia música, en el tango y en el folklore, una
perspectiva que hoy nos parece natural, pero que en aquellos años era
verdaderamente visionaria. Mi primer acercamiento al jazz, sin embargo, no fue
a través del jazz tradicional, sino del jazz fusión. En aquellos años escuchaba
mucho rock progresivo; bandas como Yes y Pink Floyd despertaban mi curiosidad
por las músicas más complejas y abiertas. Un día llegó a mis manos un disco de
Weather Report y fue una verdadera revelación. No solo me impactó la música,
sino que también sentí la necesidad de saber quiénes eran esos músicos, de
dónde venían y cuáles eran sus influencias. Esa búsqueda me llevó a descubrir a
Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker y tantos otros grandes maestros.
Poco a poco entendí que detrás de Weather Report existía una historia que se
remontaba a los orígenes del jazz. Desde entonces no dejé de investigar,
escuchar, estudiar y tocar. Lo que comenzó como una simple curiosidad terminó
convirtiéndose en una pasión que, hasta hoy, sigue guiando mi trabajo como
músico, docente e investigador. De alguna manera, Las Rutas del Jazz también es
heredera de aquel impulso inicial. Así como los libros de Ortiz Oderigo
despertaron en mí el deseo de comprender la historia del jazz en toda su
dimensión cultural y humana, con este libro intenté ofrecer a otros lectores
una puerta de entrada a ese mismo universo que, hace tantos años, cambió mi
vida.
— ¿Quién o quiénes influyeron
en su formación musical?
— Cuando el jazz empezó a
ocupar un lugar cada vez más importante en mi vida, sentí la necesidad de
estudiarlo de una manera más profunda y sistemática. Comencé tomando clases
particulares con James Tobías y Ricardo Pellican. Más adelante estudié con el maestro
Pino Marrone, cuya visión de la guitarra y de la música enriqueció
profundamente mi formación. Poco después conocí a Alejandro Demogli, quien se
convirtió en uno de mis grandes mentores y con quien continúo estudiando hasta
la actualidad. Paralelamente, me formé como guitarrista de jazz en la Escuela
de Música Popular de Avellaneda (EMPA). Con el tiempo seguí ampliando mi
formación a través de programas, seminarios y clases magistrales
internacionales en instituciones como Berklee College of Music, el New York
Jazz Workshop y Los Angeles Music Academy.
— ¿Cómo definiría el jazz?
— Para mí, el jazz es mucho
más que un género musical. Es un lenguaje que nos enseña a escuchar, a dialogar
y a expresarnos con libertad. Tiene reglas, pero también deja espacio para la
creatividad, para el riesgo y para la búsqueda de una voz propia. Con los años
fui descubriendo que detrás de cada improvisación existe una verdadera
arquitectura musical: una forma de organizar el ritmo, la armonía, la melodía y
la interacción entre los músicos. Cuanto más lo estudiaba, más comprendía que
el jazz no es solo una música que se interpreta, sino una manera de pensar y de
entender la música. Toda la formación que recibí me dio herramientas muy
valiosas, pero, sobre todo, despertó una curiosidad que sigue intacta. Esa
búsqueda continúa cada vez que escucho un disco, investigo, doy una clase o
subo al escenario con mi guitarra. Y creo que esa es una de las mayores
virtudes del jazz: nunca se termina de aprender. Siempre invita a seguir
escuchando, descubriendo y creciendo como músico y como persona.
— ¿Cómo gestó su obra Las
Rutas del Jazz, que entiendo se ha traducido al inglés y ha traspasado nuestras
fronteras?
— ¿Cómo han recibido al libro
los músicos estadounidenses con los que se puso en contacto recientemente?
— La recepción del libro ha
sido muy gratificante y, sinceramente, superó mis expectativas. Tuve la
oportunidad de compartir la edición en inglés con músicos, docentes e
investigadores en Estados Unidos, y muchos de ellos me comentaron que valoraban
que el libro no se limitara a contar la historia del jazz, sino que también
ayudara a comprender cómo funciona su lenguaje, cómo fue evolucionando y cómo
aprender a escucharlo de una manera más profunda. Desde el principio quise
escribir una obra que pudiera acompañar al lector en ese recorrido. Por eso no
solo aborda la historia del género, sino también sus elementos técnicos, las
formas de percibir y comprender el jazz, y otros aspectos desarrollados a lo
largo de ocho capítulos, acompañados por playlists con ejemplos musicales que
permiten escuchar aquello que se explica en cada tema. Quizás lo que más me
emocionó fue comprobar que un trabajo realizado desde Argentina pudiera
despertar interés en el propio país donde nació el jazz. Ver el libro llegar a
instituciones como Berklee College of Music, Jazz at Lincoln Center y el
Schomburg Center de la New York Public Library, y que además sea distribuido
por la emblemática librería y disquería Jazz Record Center de Nueva York, fue
una enorme satisfacción. Lo vivo, más que como un logro personal, como una
confirmación de que la pasión por investigar, enseñar y compartir conocimiento
puede tender puentes entre culturas. Al final, el jazz nos recuerda justamente
eso: que la música es un lenguaje universal capaz de unir personas y miradas
más allá de cualquier frontera.
— ¿Cree que los jóvenes en la
actualidad, digamos en la franja etaria desde los 20 a los 40 años, se
interesan por el jazz?
— Sí, creo que hay un
creciente interés, aunque se manifiesta de una manera diferente a la de otras
generaciones. Hoy muchos jóvenes llegan al jazz desde distintos lugares: el hip
hop, el neo-soul, el funk, la música electrónica o el jazz contemporáneo. Las
plataformas digitales les permiten descubrir músicos de todo el mundo con una
facilidad impensada hace algunos años. Quizás el desafío no sea despertar el
interés, sino ofrecer herramientas para comprender un lenguaje musical muy rico
y profundo. Cuando eso sucede, el jazz sigue teniendo una enorme capacidad para
emocionar y sorprender a las nuevas generaciones.
— ¿Hay creatividad en los
músicos actuales o simplemente ejecutan piezas ya creadas haciéndolas propias?
— Creo que hoy hay muchísima
creatividad. Es cierto que muchos músicos vuelven a interpretar standards de jazz o
dialogan con la tradición, pero el jazz siempre funcionó de esa manera. La
creatividad no consiste solamente en escribir obras nuevas, sino en desarrollar
una voz propia. En Argentina, a partir de la generación de músicos que comenzó
a consolidarse en la década de 1980, ocurrió algo muy importante. Muchos de
ellos se formaron en Estados Unidos y, al mismo tiempo, surgieron las primeras
instituciones dedicadas a la enseñanza sistemática del jazz y la música
popular, como la Escuela de Música Popular de Avellaneda (E.M.P.A.), de la cual
soy egresado. Esa combinación permitió el nacimiento de una generación de
músicos con una sólida formación técnica y una fuerte identidad cultural. Como
resultado, comenzó a crecer un repertorio original que fusiona el lenguaje del
jazz con el tango, el folklore y los ritmos latinoamericanos. En definitiva,
mientras haya músicos que se expresen con honestidad y aporten una mirada
personal, el jazz seguirá siendo una música viva y en permanente
transformación.
— ¿Se encuentra trabajando en
un nuevo libro sobre el jazz?
— Sí, por suerte nunca dejo de
trabajar. En este momento estoy terminando La arquitectura del jazz, un libro
que ya está registrado y se encuentra en la etapa de corrección. Después vendrá
el diseño editorial y, si todo sale bien, su publicación. Es un libro que nace
de muchos años de estudiar, enseñar y hacer música. Si Las Rutas del Jazz
cuenta la historia del género, La arquitectura del jazz intenta responder una
pregunta que siempre me hicieron los alumnos: ¿cómo funciona realmente el jazz
desde adentro? Además, todos los días dedico un tiempo a actualizar mi página
web, www.lasrutasdeljazz.com.ar. Hace ya ocho años que publico allí artículos
sobre historia, análisis musical, músicos y discos. Lo que comenzó como un
pequeño blog fue creciendo con el tiempo y hoy estoy muy cerca de llegar a los
mil artículos. Para mí es una forma de seguir investigando, compartiendo
conocimiento y manteniendo vivo el diálogo con los lectores y con la comunidad
del jazz.
— ¿Qué expectativas tiene en
la permanencia y evolución del jazz en Argentina?
— ¿Qué proyectos tiene para
con la música en general y el jazz en particular?
— Mi deseo es seguir haciendo
lo que más me apasiona: investigar, escribir y compartir el jazz. Quiero
continuar publicando libros que ayuden a descubrir este maravilloso lenguaje
musical y aportar, desde la pedagogía, nuevas formas de escucharlo y comprenderlo.
También, me interesa seguir difundiendo el jazz a través de mi página web, las
redes sociales, artículos en revistas especializadas y conferencias en
bibliotecas, instituciones y centros educativos. Siempre siento una gran
satisfacción cuando una persona se acerca al jazz por primera vez o descubre
una nueva manera de escucharlo. Si mi trabajo puede despertar esa curiosidad en
otros, siento que todo el esfuerzo vale la pena.
Palabras finales
Ha sido un verdadero
privilegio conversar con Marcelo Bettoni. Su labor no solo dignifica al músico
y al investigador, sino que abre puertas a todos aquellos que buscamos, desde
nuestras propias trincheras —como lo hago yo desde radiojazzmin.com.ar—, expandir
los horizontes de este género inagotable.
Los invito cordialmente a
conocer su obra fundamental, Las Rutas del Jazz, y a visitar su sitio web
www.lasrutasdeljazz.com.ar, un espacio donde encontrarán historias
deslumbrantes que, sin duda, enriquecerán su forma de entender y sentir esta
maravillosa música que es el jazz.




