Por Luis O. vasta, periodista médico y divulgador científico
Todos hemos escuchado o
pronunciado alguna vez la famosa frase: "Doctor, me quedé duro". Esa
sensación de rigidez súbita, dolor localizado y dificultad para moverse es una
de las causas más frecuentes de consulta médica. Habitualmente, etiquetamos
este cuadro como una "contractura" y buscamos alivio inmediato
mediante masajes, calor o analgésicos. Sin embargo, ¿y si estamos interpretando
el problema de manera incompleta?
El músculo como
protector, no como enemigo
Tradicionalmente, el
síndrome de dolor miofascial (el nombre técnico de estas
"contracturas" con puntos dolorosos al tacto) se ha visto como una
falla del propio músculo. La nueva perspectiva planteada por los doctores Mauro
Guzzardo y Duilio Guzzardo, investigadores del Equipo de Formación e
Investigación en Dolor (EFID), propone un cambio de paradigma: el músculo no
está "enfermo", sino que está realizando una estrategia biológica de
defensa.
La columna vertebral es
el centro de gestión de nuestras cargas. Cuando pasamos horas sentados frente a
la computadora o realizamos posturas forzadas, los tejidos de la espalda
sufren. Ante este deterioro o sobrecarga, el organismo decide "tensar"
ciertos músculos con un objetivo doble:
Limitar el movimiento: El
dolor nos obliga a frenar, evitando que realicemos acciones que podrían
lesionar estructuras más profundas.
Estabilizar: El aumento
de tensión busca darle a la columna una estabilidad extra que el sistema,
debilitado por el sedentarismo, ya no puede gestionar por sí solo.
Por qué el alivio suele
ser temporal
Si tratamos la
contractura únicamente con masajes o relajantes, estamos desactivando la
"alarma" pero no corrigiendo el "incendio". Por eso, es
común que el dolor regrese apenas retomamos nuestra actividad habitual. Como
señalan los doctores Guzzardo, si no identificamos qué factor biomecánico —como
la falta de fuerza, la mala postura o el sedentarismo— provocó esa respuesta,
el cuerpo volverá a tensarse para intentar protegernos nuevamente.
La clave: ir más allá del
masaje
El futuro del tratamiento
no está solo en eliminar el dolor, sino en mejorar la capacidad de nuestra
columna para gestionar las cargas. Esto implica una transición desde el reposo
y los tratamientos pasivos hacia una estrategia activa:
-Recuperar el control
motor: Ejercicios de estabilización y movilidad.
-Fortalecimiento
progresivo: Entrenar la musculatura para que sea capaz de soportar las
exigencias diarias sin necesidad de entrar en "modo defensa".
-Reducción de sobrecargas:
Incorporar pausas activas durante la jornada laboral.
Comprender que nuestra
espalda "se traba" por una razón protectora nos permite dejar de ver
el síntoma como un enemigo y empezar a tratar la causa real. La próxima vez que
sientas esa rigidez, recuerda: quizás tu cuerpo no necesita solo un masaje,
sino un plan para recuperar la fuerza y la movilidad que la vida moderna le ha
ido quitando.
Fuente: Guzzardo, M.,
& Guzzardo, D. (2026). "Contracturas musculares en la lumbalgia: ¿qué
son y cómo tratarlas?". IntraMed.




