Por Luis O. Vasta. Periodista médico
Una problemática que interpela a todos
El maltrato infantil es una de las formas más dolorosas de
violencia. Según la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, en 2023 se registraron más de 5.300 niñas, niños y
adolescentes afectados por situaciones de violencia doméstica, con un promedio
de 15 casos por día. La mayoría de las denuncias involucran a padres,
familiares directos o cuidadores, lo que revela la gravedad de un fenómeno que
ocurre en los espacios donde los niños deberían sentirse más protegidos.
La psicóloga infantil Mariana Chaves señala: “El daño
emocional que produce el maltrato es tan profundo como el físico. La confianza
básica en los adultos se quiebra, y reconstruirla requiere tiempo,
acompañamiento y políticas públicas sostenidas”.
Cuando el victimario es una institución
El dolor se multiplica cuando quienes ejercen violencia son
instituciones destinadas a proteger a la infancia vulnerable: hogares,
residencias o centros de cuidado. Niñas y niños que ya han sufrido abandono
social o familiar esperan allí ser rescatados por familias amorosas, pero en
ocasiones encuentran indiferencia, negligencia o incluso maltrato.
El especialista en derechos de la infancia Juan Facundo
Hernández advierte: “Cuando una institución que debería cuidar se convierte en
un espacio de violencia, el daño es doble: se traiciona la confianza social y
se perpetúa la vulnerabilidad de quienes más necesitan protección”.
En estos casos, la justicia puede aplicar sanciones severas:
intervención y cierre de la institución, procesos penales contra responsables,
inhabilitación profesional y reparación integral a las víctimas. Además,
organismos de control como las defensorías de niños y adolescentes intensifican
la supervisión y promueven programas de capacitación para garantizar que los
espacios de cuidado sean realmente seguros.
Impacto social y medidas judiciales
Las noticias sobre maltrato infantil generan conmoción y
dolor en la sociedad, pero también movilizan conciencia y acción. Cada caso
expuesto en los medios recuerda que la infancia es un bien colectivo que debe
ser protegido.
En Argentina, la Ley de Protección Integral de los Derechos
de Niñas, Niños y Adolescentes establece que los victimarios enfrentan procesos
judiciales que pueden incluir penas de prisión, pérdida de la patria potestad y
restricciones de contacto. Cuando se trata de instituciones, las sanciones
alcanzan a directivos, empleados y responsables legales, con consecuencias que
van desde la clausura hasta la responsabilidad penal.
“La justicia no solo sanciona a los responsables, también
busca reparar el daño y garantizar que los niños puedan crecer en entornos
seguros. La sanción es necesaria, pero la prevención es aún más urgente”.
Un mensaje de esperanza
Aunque las cifras son alarmantes, cada denuncia y cada
intervención judicial representan un paso hacia la protección efectiva de la
infancia. La sociedad está aprendiendo a no callar, a visibilizar y a exigir
justicia.
El maltrato infantil no es un destino inevitable: con
educación, acompañamiento comunitario y políticas firmes, es posible construir
hogares, escuelas e instituciones donde los niños crezcan libres de violencia.
"La infancia es la raíz de nuestro futuro. Cuidarla es
sembrar esperanza."



