Por Luis O. Vasta, periodista médico
La Frontera siempre fue presentada como un paraíso agreste,
un espacio de libertad donde las camionetas 4x4, los UTV y los cuatriciclos se
lanzan a los médanos como si fueran pistas de carreras. Allí, en “La Olla”, la
adrenalina se mezcla con la ostentación: familias de alto poder adquisitivo
llegan con sus hijos, los sientan adelante, en las faldas, sin cinturones ni
cascos, como si la arena fuera un parque infantil y no un terreno de riesgo.
Pero la arena no perdona. Hace apenas un día, una Volkswagen
Amarok embistió a dos UTV. El saldo fue devastador: un niño de 8 años con
politraumatismo grave, internado y luchando por su vida, y otros menores con
fracturas de mandíbula y lesiones que marcarán su infancia. La imagen de los
vehículos destrozados sobre la arena es el espejo de una inconsciencia
colectiva.
Cada temporada se repite la misma postal: padres que
confunden privilegio con inmunidad, que creen que el dinero compra seguridad,
que sienten que nada puede pasarles. La policía, ausente o silenciada, no
ordena ni controla. Y así, la frontera se convierte en un territorio sin ley,
donde la diversión de unos se transforma en tragedia para otros.
¿Por qué lo hacen?
Quizá, porque viven en una burbuja de poder económico que los hace
sentir invencibles.
Tal vez, porque confunden la libertad con impunidad, y creen que las
reglas son para otros.
Probablemente, porque eligen la adrenalina por encima de la seguridad,
incluso de la de sus propios hijos.
El resultado es siempre el mismo: niños expuestos, familias
destrozadas, vidas quebradas. La súplica de una abuela pidiendo oraciones por
su nieto herido es el grito desgarrador que debería resonar en cada médano.
La Frontera no es solo un balneario agreste. Es el reflejo de
una sociedad que se cree inmune al dolor, que confunde privilegio con derecho,
y que olvida que la arena, cuando se la desafía sin conciencia, devuelve
tragedia.
La estupidez de la frontera es la estupidez de quienes,
atrapados en su burbuja, arriesgan lo más valioso: la vida de sus hijos.



