Por Luis O Vasta, periodista médico
El reciente fallo de la justicia estadounidense, que exime a
la Argentina de pagar de forma inmediata los 16.000 millones de dólares (más
intereses) por la expropiación de YPF, ha generado un fenómeno poco frecuente
en la política vernácula: un escenario de "ganador-ganador" para los
dos polos de la grieta. Sin embargo, detrás del entusiasmo de los despachos
oficiales, late una realidad social que no sabe de litigios internacionales.
El "Mameluco" de Milei y la "Razón" de
Kicillof
El Presidente Javier Milei, en un comunicado a los medios,
no ocultó su euforia. Con un gesto enérgico y golpeando el atril, lanzó una
frase que buscó capitalizar sus viajes al exterior: "Para aquellos que
decían que iba mucho a EE. UU. y que me ponía los buzos de YPF, les digo: esto
es gestión". Para el Ejecutivo, el fallo valida su alineamiento
estratégico y su política de defensa legal agresiva.
Casi al unísono, el gobernador Axel Kicillof —arquitecto de
la expropiación años atrás— recogió el guante con una lectura opuesta pero
igualmente triunfalista: "Al final teníamos razón, la expropiación era
legal y este fallo lo demuestra". En este extraño cruce de destinos, ambos
sectores han encontrado en la resolución judicial una bandera para flamear ante
sus propios núcleos duros.
La visión de los expertos
Para los analistas internacionales, el fallo es un
"respiro técnico" más que una victoria definitiva. Según el
economista y consultor Jorge Santamaría, "lo que se ha ganado es tiempo y
una mejora en la posición negociadora, pero la deuda contingente sigue siendo
un nubarrón sobre el balance del Banco Central".
Por su parte, la politóloga Mariana Espeche advierte sobre el
uso interno del fallo: "Es curioso ver a dos modelos antagónicos
celebrando el mismo hecho. Esto demuestra que, cuando el beneficio es político,
la coherencia histórica suele pasar a un segundo plano".
El país del "kilo de milanesas"
Sin embargo, mientras en los atriles se celebran millones de
dólares ahorrados, en las veredas de todo el país la narrativa es
otra. Al ciudadano de a pie, el fallo de Nueva York le queda tan lejos como la
posibilidad de comprar un kilo de milanesas sin mirar el precio. El ajuste
sigue siendo la moneda corriente y el consumo de carne —termómetro histórico de
la dignidad argentina— continúa en caída.
Resulta paradójico que un país capaz de defender con éxito
sus intereses ante los tribunales más complejos del mundo, no logre sentar a
sus dirigentes en una mesa para solucionar el acceso al plato de comida básico.
Un llamado a la convergencia
Si este fallo ha logrado, aunque sea por caminos distintos,
que el Gobierno y la oposición se sientan ganadores, quizás sea el momento de
utilizar esa inercia positiva para algo más que la autoproclamación. La
Argentina necesita que esa "gestión" y esa "razón" de la
que ambos presumen se traduzcan en un pacto real de estabilidad.
Salir adelante no dependerá de quién golpee más fuerte el
atril, sino de la capacidad de unir fuerzas para que el éxito de los
expedientes judiciales llegue finalmente a la mesa de los argentinos. Es hora
de que el país gane, no solo los dirigentes.




