Por Luis O. Vasta, periodista
y divulgador médico
La inteligencia
artificial ha revolucionado nuestra forma de buscar información. Hoy, es común
consultar a un chatbot sobre un síntoma, un tratamiento o un tema de salud,
sustituyendo a menudo a los buscadores tradicionales o a la consulta
profesional. Sin embargo, ¿qué tan confiables son estas respuestas? Una
reciente investigación publicada en la prestigiosa revista BMJ Open pone una
luz roja sobre esta práctica: el 50 % de la información médica proporcionada
por los principales modelos de IA es problemática.
El riesgo de la
"certeza absoluta"
El estudio, liderado por
investigadores del Instituto Lundquist para la Innovación Biomédica (EE. UU.),
puso a prueba a cinco de las plataformas más utilizadas: Gemini, ChatGPT, Meta
AI, DeepSeek y Grok. Tras evaluar 250 consultas sobre temas críticos —como
cáncer, vacunas, células madre y nutrición—, los expertos hallaron que una de
cada cinco respuestas es altamente peligrosa, pudiendo inducir a tratamientos
ineficaces o daños directos a la salud si el usuario sigue el consejo sin
supervisión médica.
El problema central no es
solo la falta de precisión, sino el tono con el que la IA responde. Estas
herramientas están diseñadas para predecir palabras con una apariencia de
seguridad total. "No poseen conocimiento en el sentido humano; no 'saben'
cosas", explica Nicholas Tiller, investigador principal del estudio. Al
combinar información de artículos científicos con foros de internet y datos no
verificados, la IA suele equiparar hechos científicos con pseudociencias,
ofreciendo una "falsa neutralidad" que confunde al usuario.
El espejismo de la
autoridad
Otro hallazgo alarmante
es la "falsa credibilidad" que generan estos sistemas. Los
investigadores observaron dos factores que engañan al usuario promedio:
Lenguaje excesivamente
técnico: La complejidad del lenguaje es equivalente a la de un graduado
universitario, lo que dificulta la comprensión real y genera una percepción
errónea de profesionalismo.
Alucinaciones
bibliográficas: Cuando los modelos intentan citar fuentes para respaldar sus
dichos, suelen fallar estrepitosamente. La calidad de sus referencias es pobre
y, en muchos casos, inventan estudios, autores y títulos que nunca existieron,
dotándolos de un formato académico muy convincente.
Un llamado a la prudencia
Aunque algunos modelos
mostraron mejores resultados que otros, la conclusión de la comunidad
científica es unánime: la IA no está preparada para actuar como una autoridad
médica. El despliegue masivo de esta tecnología, sin una educación pública
adecuada ni una regulación estricta, corre el riesgo de erosionar la confianza
en la ciencia y fomentar la desinformación.
La recomendación para el
usuario es clara: la inteligencia artificial puede ser un asistente
informativo, pero nunca un reemplazo del criterio profesional. Ante cualquier
duda sobre salud, siempre es indispensable acudir a fuentes validadas o
directamente a un médico, evitando tomar decisiones basadas únicamente en la
respuesta de un chatbot.
Referencia: Nicholas
Tiller et al., “Generative artificial intelligence-driven chatbots and medical
misinformation: an accuracy, referencing and readability audit”, BMJ Open 2026.
Fuente: SINC




