Por Luis O. Vasta,
periodista y divulgador médico
El descenso de las
temperaturas no es un evento neutro para nuestro cuerpo. Ante el frío, el
organismo activa mecanismos de supervivencia complejos que, si bien son
eficaces a corto plazo, pueden comprometer nuestra salud si la exposición es
prolongada o si no contamos con las herramientas adecuadas para afrontarlos.
La respuesta fisiológica:
Un sistema bajo estrés
Cuando el termómetro
baja, nuestro cuerpo prioriza mantener la temperatura de los órganos vitales
(cerebro y corazón). Para lograrlo, ocurren varios procesos críticos:
Vasoconstricción y riesgo
vascular: Para evitar la pérdida de calor, los vasos sanguíneos periféricos (en
la piel y extremidades) se contraen. Este proceso, aunque fisiológico, aumenta
la resistencia vascular y eleva la presión arterial. En personas con hipertensión
o antecedentes cardíacos, este esfuerzo extra del corazón supone un factor de
riesgo considerable. Esta respuesta es particularmente crítica en pacientes con
trastornos microvasculares preexistentes —como ocurre en personas con diabetes
o tabaquismo crónico—, quienes ya presentan una circulación periférica
comprometida; el frío extremo puede reducir el flujo sanguíneo a niveles
insuficientes, aumentando el riesgo de lesiones, entumecimiento severo o
dificultad en la cicatrización de los tejidos de manos y pies.
Impacto en las vías
respiratorias: El aire frío y seco irrita las mucosas. Además, al contraerse
los vasos en la nariz y garganta, disminuye la llegada de células del sistema
inmunitario a esas zonas, facilitando que virus y bacterias colonicen con mayor
facilidad, lo que explica el aumento de cuadros respiratorios en invierno.
Efectos emocionales: El
menor acceso a la luz solar y el aislamiento derivado del frío pueden alterar
los ritmos circadianos y la producción de serotonina. Esto suele manifestarse
como irritabilidad, fatiga o el conocido trastorno afectivo estacional.
Enfermedades más
frecuentes
La combinación de una
menor respuesta inmunitaria en mucosas y el mayor tiempo que pasamos en
espacios cerrados facilita la propagación de infecciones. Las más comunes
incluyen:
Salud en tiempos de
crisis: Estrategias eficaces
Protegerse del frío no
siempre requiere grandes inversiones. La prioridad debe ser la eficiencia
térmica:
Alimentación como combustible: En lugar de buscar alimentos costosos, priorice los caldos y guisos caseros. Legumbres (lentejas, porotos, garbanzos), cereales y vegetales de estación son económicos, aportan energía de absorción lenta y ayudan a mantener la temperatura corporal mediante la digestión.
Guiso de lentejas y
vegetales de estación (La energía económica)
Las legumbres son una
fuente excelente de proteínas de origen vegetal y carbohidratos de absorción
lenta, lo que permite al cuerpo mantener la temperatura interna durante más
tiempo tras la digestión.
Ingredientes (para 4
porciones):
Preparación:
Sofrito: En una olla con
un chorrito de aceite (o grasa, según disponibilidad), rehogar la cebolla
picada hasta que esté transparente.
Base: Añadir la zanahoria
y el zapallo cortados en cubos pequeños. Cocinar unos minutos.
Cocción: Agregar las
lentejas (previamente hidratadas) y cubrir con agua o caldo hasta que los
ingredientes queden apenas sumergidos.
Toque final: Cocinar a
fuego lento durante unos 30-40 minutos. Cuando falten 10 minutos, añadir la
papa en cubos. Condimentar a gusto.
Por qué funciona:
Economía: Los
ingredientes base son productos de bajo costo y larga duración.
Nutrición: La combinación
de legumbres y vegetales de estación aporta fibra, vitaminas y minerales
necesarios para fortalecer el sistema inmune, debilitado por el frío.
Efecto térmico: Al ser un
plato caliente y de digestión lenta, ayuda a estabilizar la temperatura
corporal y aporta una sensación de saciedad prolongada, lo que es clave para el
bienestar emocional durante los días grises.
El método de las capas:
Es más efectivo usar varias capas finas de ropa que una sola prenda gruesa. El
aire atrapado entre las capas actúa como aislante térmico natural.
Higiene y ventilación:
Aunque haga frío, es vital ventilar los ambientes brevemente cada día para
renovar el aire y reducir la carga viral en espacios cerrados, evitando la
humedad excesiva.
Movimiento controlado: Realizar breves ejercicios de estiramiento o caminatas en casa mantiene la circulación sanguínea activa, combatiendo la vasoconstricción periférica y mejorando el estado anímico.
El frío es un agente
estresor del que podemos defendernos con hábitos sencillos. La clave está en no
subestimar la capacidad del cuerpo para adaptarse, apoyándolo con una
alimentación consciente y protegiendo especialmente las zonas más expuestas
(cabeza, cuello y manos), que son las que mayor calor pierden por radiación.
Nota: Este artículo tiene
fines informativos. Ante síntomas persistentes de dificultad respiratoria,
dolor en el pecho o malestar prolongado, consulte siempre a un profesional de
la salud.




