Por Luis O. Vasta, periodista médico
La temporada de verano en la Costa Atlántica argentina está
marcada por un preocupante aumento de accidentes con cuatriciclos, motos y UTV
en los médanos de Pinamar y Villa Gesell. El caso del niño Bastián Jérez, que
lucha por su vida tras cinco operaciones, se suma a una serie de tragedias
recientes que reflejan una cultura de riesgo y falta de conciencia social
El fenómeno del “desborde”
Cada verano, los médanos de Pinamar y Villa Gesell se llenan
de vehículos todoterreno. Lo que comenzó como un atractivo turístico se ha
transformado en un problema de seguridad pública. La falta de controles
efectivos, la permisividad social y la búsqueda de adrenalina explican en parte
por qué, a pesar de los accidentes diarios, muchos siguen desafiando la arena
sin medidas básicas de protección.
¿Por qué la gente
desafía la arena?
La psicología social ofrece algunas claves:
Conciencia dormida: la repetición de estas prácticas genera
una falsa sensación de control.
Deseo de aventura: la adrenalina y el prestigio social
asociado a “dominar los médanos” pesan más que la prudencia.
Efecto contagio: ver a otros hacerlo refuerza la idea de que
es “normal” y aceptable.
Déficit de regulación: la ausencia de sanciones claras y
controles efectivos alimenta la impunidad.
En palabras de especialistas, se trata de una “cultura del
riesgo” donde el placer inmediato eclipsa la percepción del peligro.
El costo humano
Cada accidente deja una cadena de consecuencias: familias
destruidas, niños hospitalizados, jóvenes con secuelas irreversibles. El caso
de Bastián es emblemático: su lucha por la vida expone la fragilidad de
quienes, sin elegir, quedan atrapados en la imprudencia ajena.
La sociedad puede y debe reaccionar. Sensibilizar, educar y regular son pasos imprescindibles para transformar la cultura del riesgo en una cultura de cuidado. Los médanos pueden seguir siendo espacios de disfrute, pero bajo normas claras y respeto por la vida.
Que el recuerdo de las víctimas y la lucha de quienes
sobreviven nos inspire a exigir responsabilidad. La arena no debe ser un campo
de tragedias, sino un lugar donde la aventura conviva con la seguridad.



