En 1966, Chet Baker ya no era el ángel rubio del cool jazz.
Su rostro, antes de portada, estaba marcado por las sombras de la heroína y las
noches sin retorno. Y su trompeta… había enmudecido. Una golpiza en San
Francisco le destrozó la dentadura, dejándolo sin embocadura, sin sonido, sin
voz.
Durante años, Baker vagó por la periferia del jazz, tocando
apenas, sobreviviendo como podía. Muchos lo dieron por perdido. Pero el jazz,
como la vida, a veces se escribe en segundas tomas.
En 1973, en Italia, un luthier le fabricó una boquilla
especial. Chet volvió a acariciar el metal, a soplar con timidez, como quien
despierta de un largo sueño. Y entonces, ocurrió: la trompeta habló. No con la
claridad de antes, sino con una fragilidad nueva, casi confesional. Su sonido
ya no era el de un joven prodigio, sino el de un hombre que había tocado fondo…
y aún así, seguía tocando.
Volvió a grabar, a cantar con esa voz quebrada que parecía
flotar entre las ruinas. Y en cada nota, se oía no solo música, sino redención.
“Almost Blue” – Chet Baker . Una interpretación que duele y
acaricia al mismo tiempo. Escucharla es como entrar en una habitación donde
alguien está recordando… y no quiere que lo interrumpan.
“Porque a veces, la trompeta no necesita brillar. Basta con
que respire.”
*¿Quién es Boppo?
Nadie sabe con certeza de dónde vino Boppo. Algunos dicen
que nació en un callejón de Nueva Orleans, otros que apareció una noche en un
club de Buenos Aires, con un sombrero ladeado y una libreta llena de historias
que nadie se atrevía a contar.
Dicen que fue testigo de un solo de Coltrane que hizo llorar
a un saxofón. Que compartió whisky con Chet Baker en un camarín sin espejos.
Que escuchó a Monk tocar en silencio. Y que una vez, en un club perdido de
Tierra del Fuego, juró haber oído a un contrabajo hablar.
Boppo no toca, no canta, no dirige. Pero recuerda. Y cuenta.
Con la cadencia de un contratiempo y la nostalgia de un vinilo rayado, trae
cada semana una historia del jazz que no está en los libros, pero vive en el
humo, en los aplausos, en los silencios.
Boppo no firma con tinta: firma con swing.