Por Luis O Vasta, periodista médico y difusor del jazz
En el panorama actual del jazz, pocos nombres resuenan con la
misma vitalidad y alegría que el de Emmet Cohen. Este pianista y compositor se
ha consolidado no solo como un talento excepcional de la escena contemporánea,
sino como un verdadero guardián de la historia musical. Su mayor sello
distintivo es su dominio absoluto del stride piano, una técnica centenaria que
exige tanto virtuosismo atlético como genialidad armónica.
El stride, estilo nacido en los vibrantes clubes de Harlem en
la década de 1920, se caracteriza por el movimiento constante y rítmico de la
mano izquierda, que salta a gran velocidad entre las notas graves y los acordes
en el registro medio, mientras la mano derecha teje melodías complejas.
Leyendas como Fats Waller, Willie "The Lion" Smith y Art Tatum fueron
los pioneros de este lenguaje que muchos consideraban casi intocable. Sin
embargo, cuando Cohen se sienta frente a las teclas, ejecuta esta proeza física
con una naturalidad asombrosa.
Lo verdaderamente magistral en la interpretación de Cohen no
radica únicamente en su precisión sobre el teclado, sino en cómo utiliza el
stride como una herramienta de expresión viva. Sus ejecuciones no suenan a
piezas de museo; están cargadas de humor, improvisación, riesgo y un swing
profundamente contagioso. A través de sus célebres sesiones en vivo y su
interacción con músicos de todas las edades, ha logrado despojar a este estilo
de su solemnidad académica, devolviéndole su carácter festivo original.
Emmet Cohen es mucho más que un músico nostálgico. Al
mantener vivo el fuego del piano stride, actúa como un puente indispensable
entre las raíces más profundas del jazz y su futuro. Ver sus manos volar sobre
las teclas es presenciar en tiempo real la magia de un género que, gracias a
intérpretes como él, se niega a envejecer.
ver y escucharlo aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=pMKYkUN5Eo8


