Por: Luis O. Vasta. Periodista médico
La noticia del fallecimiento de un médico del Hospital
Italiano en un contexto de consumo de sustancias no es solo una tragedia
individual o un hecho policial; es un síntoma de una problemática sistémica que
la medicina suele barrer bajo la alfombra. Es de conocimiento en el ámbito
sanitario que la anestesiología es una de las especialidades con mayores tasas
de adicción y suicidio. La combinación de un estrés crónico extremo, el acceso
directo a fármacos de alta potencia y la falsa sensación de control que otorga
el conocimiento farmacológico, crea un "caldo de cultivo" peligroso.
Sin embargo, el debate debe desplazarse del morbo de la
crónica roja hacia la responsabilidad institucional. Debemos preguntarnos
honestamente: ¿Cómo se sentiría un paciente si, minutos antes de ser
intervenido, supiera que quien tiene su vida en sus manos lucha contra una
adicción activa? La respuesta es obvia: la confianza, pilar de la relación
médico-paciente, se desmoronaría.
"Radiografía del Riesgo por Especialidad"
De acuerdo con datos recientes revisados por el Dr. Michael
Kaliszewski (2024- American
Addiction Centers), se estima que entre el 10% y el 15% de los médicos
desarrollarán un trastorno por abuso de sustancias en su carrera. Sin embargo,
el perfil de riesgo varía drásticamente según el acceso y el estrés de cada
disciplina:
Anestesiólogos: Son el grupo de mayor riesgo para el uso de
opioides intravenosos (fentanilo y sufentanilo). El 40% de los que ingresan a
programas de recuperación consumen drogas por vía parenteral, muchas veces
desviadas de sus propios pacientes.
Cirujanos: Presentan tasas de abuso de alcohol
significativamente superiores a la población general (hasta un 25% en mujeres y
14% en hombres), utilizándolo como un mecanismo de "descompresión"
ante el estrés de vida o muerte.
Médicos de Urgencias: Registran las tasas de agotamiento
(burnout) más altas (60%), lo que deriva en un uso desproporcionado de alcohol,
marihuana y estimulantes para sobrellevar turnos extenuantes.
Psiquiatras: Tienen una mayor probabilidad de abusar de
benzodiazepinas, vinculado a la carga emocional y la falta de control sobre los
resultados de sus pacientes.
A pesar de este panorama, el dato esperanzador es que, con tratamiento adecuado, el 78% de los médicos logran mantenerse libres de drogas tras 5 años, recuperando su licencia y su lugar en el sistema de salud.
El imperativo de los protocolos de admisión
No podemos seguir confiando únicamente en la idoneidad
técnica. Es urgente implementar protocolos de admisión que evalúen la
personalidad de riesgo adictivo y rasgos sociopáticos. Los exámenes
psicotécnicos en el ingreso hospitalario no pueden ser un mero trámite
burocrático; deben ser herramientas de medicina laboral profunda, capaces de
detectar vulnerabilidades antes de que se traduzcan en una tragedia.
Además, el control de la "cadena de custodia" de
los fármacos dentro de las instituciones presenta grietas conocidas. La
sustracción por etapas —donde la droga se oculta temporalmente dentro del
hospital para luego ser retirada— es una técnica que solo puede combatirse con
un diseño de manejo seguro que incluya trazabilidad digital y controles
cruzados aleatorios.
Una reflexión constructiva para la Salud Pública
Cuidar a quienes cuidan no es una opción, es una obligación
de seguridad vial aplicada a la medicina. Un profesional que no es monitoreado
en su salud mental es un eslabón débil en la cadena de atención.
La implementación de programas de asistencia para
profesionales con problemas de consumo, sin el estigma del despido inmediato
pero con la firmeza del apartamiento preventivo de las áreas críticas, es el
camino. Instituciones que reconozcan las debilidades humanas de su personal y
establezcan resguardos estrictos no solo protegen la vida de sus médicos, sino
que elevan el estándar de la salud pública. La excelencia médica no reside solo
en el saber hacer, sino en la integridad y el equilibrio de quien ejecuta ese
saber.
Es importante notar que, aunque la percepción de mayor
prevalencia de adicciones en anestesiología es común en la literatura médica
(debido a la exposición y facilidad de acceso), algunos estudios sugieren que
esto se debe a que son los casos que más se detectan o terminan en sobredosis
por la potencia de las drogas que manejan (como el fentanilo o propofol). La
prevención, debe ser universal para todo el personal sanitario.




