Por Luis O Vasta, periodista médico
En la primera parte de esta nota, vimos que la mala
comunicación es la chispa que suele iniciar los juicios médicos. Sin embargo,
existe un trasfondo más profundo y preocupante: la precarización del sistema.
Hoy en día, es común encontrar guardias atendidas por un solo profesional que
debe decidir sobre vidas en cuestión de minutos, muchas veces sin el apoyo de
especialistas o la formación específica necesaria.
Esto plantea una pregunta incómoda pero urgente: si un
hospital me ofrece un servicio de urgencias, ¿está garantizando que el médico
que me atiende es el adecuado para mi problema?
El mito del "médico que todo lo sabe"
Existe una creencia social de que cualquier médico, por el
solo hecho de tener un título, puede resolver cualquier emergencia. Pero la
medicina moderna es tan vasta que esto es imposible.
Desde el punto de vista legal, la justicia no espera que un
médico sea un superhéroe, pero sí que sea honesto con sus límites.
El caso del pediatra y el adulto (o viceversa): Si un
pediatra debe atender a un adulto con un infarto porque no hay nadie más, o un
clínico debe asistir a un bebé en estado crítico, el riesgo aumenta
exponencialmente.
La falla del sistema: Cuando una clínica ofrece "Guardia
24 hs" pero no tiene los especialistas básicos, está cometiendo una falla
organizativa. En estos casos, la institución es tan responsable (o más) que el
médico que está allí poniendo la cara.
La trampa de la necesidad laboral
Muchos médicos jóvenes o en situaciones económicas difíciles
aceptan puestos en guardias para los que no se sienten totalmente capacitados.
Si bien la sociología explica que esto sucede por la necesidad de trabajar, la
ley es tajante: la necesidad económica no justifica un acto médico imprudente.
El profesional tiene el deber ético y legal de ser el
"primer filtro". Si el sistema no le da las herramientas o el
conocimiento, su obligación es advertirlo, pedir ayuda, derivar al paciente a
tiempo o, en casos extremos, no asumir funciones que pongan en riesgo la vida
por falta de competencia.
¿Cómo protegerse y proteger al paciente?
Para que una atención en crisis no termine en un juzgado,
existen pilares fundamentales que todo equipo de salud debería seguir y todo
paciente debería conocer:
Reconocer el límite: No es una falta de capacidad, es un acto
de sabiduría, de humildad intelectual. Saber cuándo decir "esto excede mi
conocimiento y necesito un especialista" salva vidas y evita juicios.
La Historia Clínica como escudo: En un juicio, el perito
médico no juzga lo que pasó, sino lo que está escrito. Si el médico registró
sus dudas, las limitaciones que tuvo y por qué tomó cada decisión, su defensa
es mucho más sólida.
No al silencio ante la falla institucional: Los médicos no
deben mimetizarse con las fallas del hospital. Deben dejar constancia cuando
faltan medios técnicos o personal.
Conclusión: Honestidad antes que omnipotencia
La guardia hospitalaria no es un acto de auxilio casual en la
calle; es un servicio organizado que genera expectativas. La solución no es que
el médico lo resuelva todo solo, sino que trabaje con lucidez.
Reconocer los límites, documentar con precisión y exigir
condiciones dignas de trabajo no son actos de debilidad, sino la mayor muestra
de compromiso con la seguridad del paciente. Al final, la última barrera contra
un sistema que falla es la honestidad del profesional que nos atiende.
Fuente: intramed




