Por Luis O
Vasta, periodista médico
Hoy en día, entrar a una guardia médica o a un consultorio
parece haber perdido parte de aquella paz de antaño. Lo que antes era un
vínculo de confianza ciega, hoy suele estar marcado por la tensión, la sospecha
y, lamentablemente, por juicios. Pero ¿por qué llegamos a este punto? ¿Es que
los médicos saben menos que antes?
La realidad es más compleja. No estamos necesariamente ante
una "epidemia" de errores médicos, sino ante un cambio cultural.
Vivimos en la era de las expectativas desmedidas: queremos soluciones mágicas e
inmediatas. A esto se suma el "Dr. Google", que nos da información (a
veces errónea) que desafía la autoridad del profesional, y un sistema de salud
que, a menudo, parece más una oficina de trámites que un espacio de sanación.
El silencio: el verdadero origen del problema
A menudo se piensa que un juicio por mala praxis nace de una
operación fallida o un remedio equivocado. Sin embargo, los datos dicen algo
distinto. La mayoría de los conflictos no nacen de un error técnico, sino de
una falla en la comunicación.
Un paciente que se siente ignorado, una familia que no
recibió una explicación clara o un médico que, por cansancio o falta de tiempo,
no documentó correctamente lo que hizo, son el caldo de cultivo ideal para un
reclamo legal. El conflicto suele gestarse mucho antes del problema de salud:
nace cuando la persona se siente desatendida o cuando el médico no logra
explicar los límites de la medicina.
La Guardia: el ojo de la tormenta
Si hay un lugar donde esta tensión explota, es en el servicio
de emergencias. La "guardia" es un escenario crítico por varios
factores:
La urgencia: Decisiones que deben tomarse en segundos con
información escasa.
El cansancio: Profesionales agotados por jornadas
interminables.
El uso inadecuado: Muchas personas acuden a la guardia por
problemas que no son urgencias, saturando el sistema y quitando tiempo vital
para los casos graves.
En este caos, el error de diagnóstico es el protagonista.
Detectar un infarto o una apendicitis cuando los síntomas son confusos es un
desafío enorme. Aquí es donde la ley y la medicina se cruzan: la justicia no
debería juzgar el resultado (que a veces es inevitable), sino si el médico hizo
lo que el manual manda con los recursos que tenía a mano.
Hacia una medicina más humana, no más defensiva
La solución no es que los médicos trabajen con miedo (la
llamada "medicina defensiva"), pidiendo estudios innecesarios solo
para cubrirse las espaldas. El camino es volver a lo básico:
Hablar más y mejor: Una comunicación clara predice menos
juicios que una técnica perfecta.
Registrar todo: La historia clínica no es burocracia, es el
relato de la verdad.
Empatía mutua: Entender que detrás de cada guardapolvo hay un
humano y detrás de cada síntoma hay una persona asustada.
Entender estos patrones de conflicto no solo protege al
profesional, sino que eleva la calidad de la atención para todos nosotros. Al
final del día, la mejor herramienta contra un juicio no es un abogado, sino una
relación médico-paciente sólida y transparente.
Fuente: Intramed




