Por Luis O. Vasta, periodista médico
El escritor y periodista Martín Caparrós respondió con dureza a
las críticas provenientes de la denominada ola “antiargentina” —principalmente
digital— desatada tras la derrota de la selección nacional frente a España en
la final del Mundial 2026. El detonante de su descargo fue una publicación del
actor estadounidense Samuel L. Jackson, quien afirmó en sus redes sociales que
la Argentina es “uno de los países más racistas del mundo”.
Caparrós, quien reside actualmente en España,
utilizó la contundente frase del actor de Hollywood como punto de partida para
ironizar sobre la repentina etiqueta internacional. "En estos días he
escuchado y leído varias veces que la Argentina es ‘el país más racista del
mundo’. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no
sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras
derrotas futboleras", expresó el autor.
Un recorrido histórico contra el relato
extranjero
Para desmontar las críticas de los medios y
celebridades anglosajonas —quienes cuestionaron la falta de jugadores negros en
el plantel de la selección—, Caparrós realizó una genealogía del racismo en el
Río de la Plata. Atribuyó el origen de este sesgo a la colonización española y
al posterior tráfico de esclavos africanos, cuyas secuelas diezmaron a dicha
población mediante las guerras del siglo XIX (como la de la Triple Alianza y la
Campaña del Desierto) y la epidemia de fiebre amarilla de 1871.
Asimismo, confrontó la mirada simplista de
los análisis norteamericanos que ignoran la demografía local. El escritor
recordó que la Argentina se constituyó como un país de inmigrantes a partir del
siglo XX, al amparo de una Constitución que prometía albergar a "todos los
hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino". En ese sentido,
contrastó la realidad local con los discursos segregacionistas de Europa y
Estados Unidos.
La diferencia entre el racismo y la
discriminación de clase
El periodista reconoció la existencia de
tensiones históricas en el país, como el surgimiento del término despectivo
"cabecitas negras" en la década de 1930 para referirse a la migración
interna, definiéndolo como "un racismo sin leyes, social". Sin embargo,
remarcó que, a diferencia de lo que ocurre en Europa, la xenofobia hacia las
corrientes migratorias de países limítrofes no ha logrado ser capitalizada
políticamente por la derecha.
"La xenofobia no es, en Argentina, ese
tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países
europeos. En la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura
mezcla", sentenció.
Finalmente, el autor concluyó que el
verdadero sesgo global y local no responde al color de la piel, sino al poder
adquisitivo. "La diferencia no está en la piel sino en la caja
fuerte", disparó, ejemplificando con el trato preferencial que reciben los
jeques árabes en Madrid en comparación con los inmigrantes islámicos.
Para cerrar, Caparrós matizó el presente del
país con su habitual agudeza: "Está claro que en las últimas décadas la
Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del
fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser
racistas".
Referencia bibliográfica:
Esta nota periodística está basada en la columna de opinión
y los descargos públicos realizados por el escritor Martín Caparrós, recogidos
y publicados por el diario LA NACION (Sección Economía) el 22 de julio de 2026,
bajo el título original: "Martín Caparrós reaccionó a las críticas de la
'ola antiargentina' tras el Mundial 2026".




