Por
Luis O. Vasta, periodista médico
En la era de la información,
donde el acceso a datos médicos está a un clic de distancia, Argentina enfrenta
una contradicción sanitaria alarmante: los casos de sífilis no paran de subir.
Según un informe de la Agencia Noticias Argentinas, basado en el Boletín
Epidemiológico Nacional, en 2025 se confirmaron 55.183 diagnósticos, la cifra
más alta en cinco años y un aumento del 71% respecto al promedio registrado
entre 2020 y 2024.
El incremento sostenido,
especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, obliga a plantear
interrogantes incómodos: ¿Por qué las campañas de concientización y los
artículos periodísticos parecen no surtir efecto en la conducta sexual?
El "efecto apps" y
la inmediatez
Uno de los factores que
modificó el escenario epidemiológico es la dinámica de las plataformas y
aplicaciones de citas. Si bien la tecnología facilita el encuentro, también
acelera la intimidad con desconocidos, reduciendo a menudo el tiempo de
"negociación" sobre cuidados sexuales.
En el contexto de encuentros
casuales rápidos, la conversación sobre salud sexual suele percibirse como un
"cortaclimas". A esto se suma una baja percepción del riesgo: a
diferencia del VIH, que históricamente cargó con un fuerte estigma y miedo a la
mortalidad, la sífilis es vista por muchos jóvenes como un problema menor por
ser curable con antibióticos, lo que lleva a relajar el uso del preservativo.
Una enfermedad silenciosa
La biología de la enfermedad
colabora con este descuido. La Dra. Valeria Valko, ginecóloga de Ospedyc,
explica que la infección causada por la bacteria Treponema pallidum es
traicionera: “Muchas veces la enfermedad no da señales claras. En su etapa
inicial puede aparecer una lesión indolora (chancro) en la zona de contacto,
que suele desaparecer sola y pasar inadvertida”.
Al desaparecer el síntoma
visible sin tratamiento, la persona cree estar sana, pero sigue transmitiendo
la bacteria. “Si no se trata, pueden surgir erupciones, malestar general y, con
los años, complicaciones graves que afectan el corazón y el sistema nervioso”,
advierte la especialista.
¿Por qué no hacemos caso?
El aumento de casos sugiere
que el miedo ya no es un motor efectivo para la prevención. Los expertos
apuntan a la "fatiga de prevención" y a la falta de implementación
efectiva de la Educación Sexual Integral (ESI) en todos los niveles, no solo
como teoría biológica, sino como herramienta de asertividad para negociar el
uso del profiláctico.
Además, existe el riesgo de la
transmisión vertical. La sífilis no tratada durante el embarazo puede provocar
abortos, muerte fetal o malformaciones graves en el bebé, lo que subraya la
importancia de los controles prenatales.
Soluciones efectivas: más allá
del miedo
Para revertir la tendencia, la
estrategia debe cambiar el enfoque. Las soluciones preventivas que hoy se
recomiendan incluyen:
-Testeo como rutina, no como
sospecha: Naturalizar el análisis de sangre para ITS (Infecciones de
Transmisión Sexual) como parte del chequeo anual, sin estigmas. El diagnóstico
es rápido y sencillo.
-Accesibilidad al tratamiento:
La sífilis se cura con penicilina. Garantizar el acceso inmediato al
tratamiento en hospitales y centros de salud es vital para cortar la cadena de
transmisión.
-Responsabilidad afectiva: Como
señala la Dra. Valko, "frente a un diagnóstico positivo, es importante
avisar a las parejas sexuales". Romper el silencio es la única forma de
evitar la reinfección circular.
-El preservativo como norma:
Volver a posicionar el uso de preservativo (en sexo oral, vaginal y anal) como
un elemento de placer y cuidado, y no de desconfianza.
La sífilis ha vuelto a ser una
epidemia en crecimiento en Argentina. Frenarla requiere entender que la
información por sí sola no cura; lo que cura es incorporarla a la conducta
diaria.




