Por Luis O Vasta, periodista médico
La imagen dio la vuelta al mundo en segundos: Lionel Messi,
vestido de traje oscuro, estrechando la mano de Donald Trump en el Salón Oval.
Lo que para el Inter Miami fue el cumplimiento de una tradición tras obtener la
MLS Cup, para miles de argentinos se tradujo en una afrenta difícil de digerir.
En un clima de tensión global y con la Copa del Mundo a la vuelta de la
esquina, el gesto del "diez" ha abierto una grieta donde antes solo
había idolatría ciega.
El peso de los símbolos
Durante dos décadas, Messi cultivó una imagen de absoluta
neutralidad política, una "burbuja" que lo protegía de las feroces
divisiones internas de su país. Sin embargo, su presencia en Washington y la
entrega de una pelota firmada al mandatario estadounidense fueron interpretadas
por sectores críticos como un posicionamiento innecesario. Los medios locales
han destacado la supuesta incomodidad del jugador durante el acto, pero para
muchos, la sola presencia fue el mensaje.
¿Venganza en las tribunas?
En las últimas horas, redes sociales y foros de debate se han
poblado de amenazas simbólicas: hinchas que aseguran que "el romance se
terminó" y que estarían dispuestos a apoyar a los rivales de Argentina en
el próximo Mundial como señal de desaprobación. No obstante, el análisis
sociológico del fútbol argentino sugiere lo contrario. Si bien el enojo es real
en el ámbito dialéctico, el peso de la tercera estrella y el sentido de
identidad nacional suelen ser blindajes que la política, por más ruidosa que sea,
rara vez logra perforar.
El contraste de las dos casas: Buenos Aires vs. Washington
Uno de los puntos que más irritación genera en la opinión
pública argentina es la memoria reciente de diciembre de 2022. Tras la
histórica coronación en Qatar, el plantel de la Selección Argentina, con Messi
a la cabeza, declinó la invitación institucional a la Casa Rosada. En aquel
momento, la decisión se blindó bajo el argumento del agotamiento físico y la
voluntad de no "partidizar" el logro deportivo en medio de la grieta
local. Sin embargo, la actual imagen junto a un mandatario tan divisivo como
Donald Trump —y en un contexto de altísima tensión por el conflicto en Medio
Oriente— quiebra esa supuesta máxima de neutralidad. Para el hincha de a pie,
resulta difícil procesar por qué el "no" fue rotundo para el balcón
porteño y el "sí" fue protocolarmente fluido para el Salón Oval.
¿Decisión propia o inercia del entorno?
La pregunta sobre quién asesora hoy al capitán flota en el
aire. Mientras que en Argentina su círculo íntimo siempre fue extremadamente
celoso de su imagen política, en Estados Unidos Messi parece haberse integrado
a la maquinaria del "American Way". Respecto a las versiones de un
video de sus hijos hablando en inglés sobre el evento, es necesario precisar
que, si bien se viralizaron recientemente declaraciones de Leo lamentando no
haber aprendido el idioma de joven y alentando a sus hijos a hacerlo, no existe
un registro público de los niños refiriéndose a la visita presidencial. Lo que
sí marcó el pulso de la jornada fue la mención del propio Trump sobre su hijo,
Barron, declarándose fanático del rosarino. Este matiz familiar, sumado a la
presión comercial del Inter Miami, sugiere que Messi podría estar priorizando
una integración total al mercado estadounidense, incluso si eso implica navegar
aguas políticas que antes evitaba a toda costa.
La foto no llega en cualquier momento. Se produce mientras la
administración estadounidense gestiona una de las crisis más complejas de las
últimas décadas en el plano internacional. Al aceptar el rito de la Casa
Blanca, Messi abandona —quizás de forma involuntaria o por consejo de los
dueños del club, Jorge Mas y David Beckham— el refugio de la "burbuja
deportiva". El humor social en Argentina no solo reacciona a la ideología,
sino a la percepción de una asimetría: la sensación de que el ídolo es más
permeable a los protocolos extranjeros que a las tradiciones de su propia
tierra.
Un ídolo bajo la lupa
Más allá de las reacciones viscerales, la realidad indica que
Messi sigue siendo el eje central de la esperanza argentina para 2026. Lo que
esta foto confirma es que, en el mundo actual, ya no existe la neutralidad
absoluta. El ídolo ha bajado al terreno de lo terrenal y lo controversial.
Argentina no dejará de alentar a su Selección, pero hoy, por primera vez en
mucho tiempo, el consenso absoluto alrededor de la figura de Lionel Messi
parece haber sentido un sismo cuya magnitud real solo se conocerá cuando ruede
la pelota en junio.



