Por: Luis O. Vasta, periodista médico
La medicina atraviesa una
tormenta perfecta. Por un lado, la Inteligencia Artificial y la robótica
avanzan sobre el diagnóstico y la cirugía, amenazando con convertir al médico
en un mero supervisor de algoritmos. Por otro, las condiciones de la práctica
pública son cada vez más precarias. En este escenario, surge una pregunta
necesaria: ¿está diseñada esta "amenaza tecnológica" para empujar a
los profesionales hacia los brazos de la industria farmacéutica?
La IA como herramienta de
expulsión
La narrativa actual nos
dice que la IA reemplazará las tareas "técnicas" del médico. Pero
este desplazamiento genera un excedente de recursos humanos altamente
capacitados que ya no encuentran lugar en un sistema asistencial automatizado y
desbordado. Es aquí donde aparece la industria farmacéutica, operando como un
puerto de llegada planificado.
Al despojar al médico de
su rol tradicional en el consultorio, se lo "jerarquiza" para que
ocupe oficinas corporativas. Durante décadas, el camino del médico estaba
claro: estudiar en la universidad pública, formarse en los hospitales y volcar
ese conocimiento —sostenido por el esfuerzo de toda la sociedad— en la atención
de los pacientes. Sin embargo, en los últimos años, una mutación silenciosa
está ocurriendo en las sombras del sistema sanitario. Bajo nombres elegantes
como "Medical Affairs" o "Scientific Liaison", la industria
farmacéutica ha comenzado a reclutar médicos no para curar, sino para integrar
sus estructuras corporativas.
El conocimiento público:
el botín de las corporaciones
No debemos olvidar el
origen: la gran mayoría de estos médicos se formaron en universidades públicas.
El Estado y los contribuyentes —los mismos que mañana serán pacientes—
invierten fortunas en crear profesionales de excelencia.
Sin embargo, ese capital
intelectual está siendo sustraído. La industria mercantilista no necesita
formar sus propios científicos; simplemente espera a que el sistema asistencial
colapse y la IA los desplace para capturarlos. El resultado es un "secuestro"
del saber: el médico formado con el esfuerzo de la sociedad termina trabajando
para maximizar los dividendos de una multinacional que prioriza la rentabilidad
sobre la empatía.
El Lobo, la Caperucita y
el Algoritmo
Estamos ante una versión
moderna del cuento clásico, pero con un giro tecnológico. El lobo ya no solo se
disfraza con la piel del guardapolvo (el médico corporativo que habla con sus
colegas), sino que utiliza el algoritmo para convencer al médico asistencial de
que su rol ha caducado.
Al debilitar la
independencia de criterio a través de la tecnología, se vuelve más fácil
reclutar al profesional para que sea la cara "humana" de la venta de
fármacos. En este nuevo ecosistema, el paciente deja de ser una persona para
ser un dato, y el médico deja de ser un servidor para ser un empleado
jerárquico cuya ética debe subordinarse a los objetivos de la empresa.
¿Hacia dónde vamos?
Si permitimos que la
tecnología y el mercado sigan dictando el destino de la profesión, el futuro es
desolador. Tendremos máquinas diagnosticando y médicos —formados con fondos
públicos— dedicados exclusivamente a la ingeniería de mercado y al marketing científico.
Es urgente que la
sociedad recupere el control sobre el sentido de la medicina. ¿Para qué
educamos médicos? La salud no puede ser un terreno donde la IA "limpia el
área" para que las farmacéuticas se queden con el talento. La vocación, la
escucha y el compromiso social deben estar en el consultorio, no en una sala de
juntas. El saber médico pertenece al pueblo, no a los balances de fin de año.
Fuente: Intramed. https://www.intramed.net/content/que-lugar-ocupa-el-medico-en-la-industria-farmaceutica




