Por Luis O. Vasta, periodista médico
En la Argentina, la metáfora del burro que persigue la
zanahoria sin alcanzarla parece haber sido adoptada como política de Estado. La
zanahoria es el bienestar prometido: salarios dignos, jubilaciones justas,
empresas que prosperan, artesanos que pueden vivir de su oficio. El burro somos
nosotros, los ciudadanos, que seguimos caminando con fe, convencidos de que
esta vez sí la vamos a morder.
Pero la vara la sostienen los gobernantes y funcionarios, que
manejan la distancia con precisión quirúrgica. Cuando estamos cerca, la
zanahoria se adelanta un poco más. Cuando nos cansamos, aparece una nueva
promesa, más brillante, más jugosa, más imposible.
La
promesa del bienestar: tan cerca que parece posible, tan lejos que nunca se
alcanza
Cada elección es un cambio de zanahoria: ahora será el
crecimiento, mañana la estabilidad, pasado la justicia social. Y nosotros,
disciplinados, seguimos tirando del carro de la historia, convencidos de que el
esfuerzo nos llevará a la recompensa.
La ironía es que el sistema funciona gracias a nuestra
esperanza. Sin burro no hay carro, sin ciudadanos no hay país. Pero mientras la
zanahoria siga colgando delante, el bienestar será un espejismo que alimenta la
marcha pero nunca la mesa.
El
camino argentino: esfuerzo infinito, recompensa invisible
Quizás el verdadero desafío sea soltar la vara, dejar de
correr detrás de promesas y empezar a sembrar nuestras propias zanahorias.
Porque si seguimos esperando que alguien nos las acerque, el único que se
alimenta es el que maneja el palo.




