Por Luis O. Vasta, periodista médico. Esp. Univ. Medicina del Trabajo
"Parece una leyenda lejana, pero no hace mucho el mediodía en una construcción era un festín de olores. Hoy, el aroma del asado y el chorizo en el obrador fue reemplazado por el silencio de una vianda vacía o el apuro de un mate para engañar al estómago. Lo que antes era un derecho al descanso y la nutrición, hoy es un lujo que el 90% de los obreros ya no puede pagar."
La imagen del trabajador argentino compartiendo un almuerzo
nutritivo parece estar convirtiéndose en un recuerdo de otra época. Según el
último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, la crisis de
poder adquisitivo ha perforado la barrera de la alimentación básica: hoy, 8 de
cada 10 trabajadores formales enfrentan algún tipo de privación alimentaria
mientras cumplen sus tareas.
La vulnerabilidad no es solo una estadística, es una práctica
de ajuste diario. La mayoría de la fuerza laboral se ve obligada a elegir entre
"comer poco" o "comer mal". En este escenario, los
ultraprocesados y las harinas ganan terreno sobre las proteínas y vegetales,
simplemente porque el bolsillo no alcanza para más.
El ajuste empieza por la boca
Lo más alarmante del estudio es la brecha generacional y
sectorial. Los jóvenes de hasta 29 años son los más castigados: el 70% reconoce
que debe saltearse comidas para llegar a fin de mes. Esta realidad se agudiza
en sectores como la construcción y en regiones como el NEA, donde la
infraestructura básica (heladeras o microondas en el trabajo) es inexistente,
condenando al trabajador al ayuno forzado o al gasto excesivo en comida al
paso.
Una inversión, no un gasto
El reclamo de los trabajadores es unánime. Más del 80%
considera que el empleador debería intervenir con aportes económicos para la
alimentación. No se trata de un pedido de "lujo", sino de una
necesidad de supervivencia y productividad. Como indica el informe, la
alimentación no debe verse como un beneficio discrecional, sino como un pilar
de la salud pública y el bienestar laboral. Sin una nutrición adecuada, la
promesa de una mayor productividad se vuelve una quimera.
El gran ausente en la Reforma Laboral
A pesar de la magnitud de estas cifras, la reciente Reforma
Laboral aprobada por el Congreso Nacional mantuvo un silencio absoluto sobre
este "nudo crítico". Mientras la ley se centró en la modernización de
los contratos, la extensión del período de prueba y el fondo de cese laboral,
no se incluyeron incentivos fiscales ni obligaciones que faciliten el acceso a
la alimentación en el lugar de trabajo.
Esta omisión deja a la alimentación laboral en un
"limbo": deja de ser un derecho garantizado para depender
exclusivamente de la negociación de cada sindicato o, en la mayoría de los
casos, de la voluntad discrecional del empleador.
Propuesta: Hacia una Política de "Bienestar Nutricional
Corporativo"
Ante la falta de marco legal, las empresas tienen la
oportunidad de adelantarse con políticas internas que no solo alivien el
bolsillo del empleado, sino que aseguren la sostenibilidad del negocio. Una
dieta deficiente se traduce en fatiga crónica, errores operativos y mayor
rotación.
Puntos estratégicos para una política interna:
Subsidio Directo de Alimentación: Implementar un aporte
económico mensual (ajustable por inflación de alimentos) destinado
específicamente a la comida diaria, preferentemente a través de tarjetas de
beneficios que garanticen su uso en comercios del rubro.
Infraestructura de "Comensalidad": Garantizar en
todas las sedes (especialmente en sectores como construcción o servicios
públicos) áreas equipadas con heladeras, microondas y dispensers de agua
filtrada. El informe de la UCA demuestra que la falta de infraestructura
dispara el salteo de comidas al 72%.
Convenios de Cercanía: Acuerdos con proveedores locales o
viandas saludables a precios corporativos, reduciendo el "costo
operativo" de almorzar fuera que hoy supera los $10.000 diarios.
Educación Nutricional: Talleres de "vianda
inteligente" para enseñar a los colaboradores cómo armar almuerzos
económicos pero nutricionalmente densos (legumbres, huevos, cereales
integrales) que reemplacen el consumo de ultraprocesados.
La alimentación ya no
es un tema doméstico; es una variable macroeconómica. Si la ley no lo
contempla, las organizaciones deben entender que un trabajador mal alimentado
es, en última instancia, una empresa menos competitiva.
Fuente: NA




